Aug. 16, 2026
Hay momentos en los que la vida nos confronta con una sensación muy común: no es suficiente.
No es suficiente el dinero.
No es suficiente el tiempo.
No son suficientes las fuerzas.
No es suficiente la fe.
No es suficiente lo que tengo en mis manos.
Y cuando esa sensación se vuelve constante, empezamos a vivir con una carga silenciosa: la idea de que Dios solo puede usar a personas que tienen “más”, que están “mejor preparadas” o que tienen “más recursos”.
Pero el Evangelio de hoy comienza con una verdad completamente diferente: Jesús no se impresiona con lo mucho que tenemos; Él obra a partir de lo que le entregamos.






